¿Un sitio web?

Patricio Tapia

Junio 30.2018

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No se si lo han leído ya. Adventures in the Wine Route, escrito por el importador norteamericano Kermit Lynch, y publicado en 1988. Tal como su nombre lo dice, se trata de aventuras, de viajes, de descubrimientos, en un tiempo en que muchos de los hoy híper famosos nombres de Borgoña, Provence, Beaujolais, Loire o Ródano, apenas eran unos pequeños viticultores luchando por surgir, enfocados en su trabajo, un trabajo que casi sólo era conocido por los locales. Lynch estuvo allí. Los convenció de venderles sus vinos, los convenció de que Estados Unidos, pese a todos los prejuicios, era un mercado que los podría entender y apreciar.

Lynch fue un pionero. Especialmente en su país, él fue el primero en abrir los ojos del consumidor norteamericano a un cierto tipo de productores más bien artesanales, gente que producía vinos a su manera, alejados de los grandes circuitos, alejados también del glamour. Ya por haber hecho eso, Lynch se merece todos los aplausos.

Sin embargo, su trabajo no sólo es importante porque abrió caminos, por haber mostrado rutas, sino especialmente por su curatoría. En esos años, en los 80, todo esto de los productores artesanales, de los vinos naturales, de las pequeñas producciones, no eran más que una anécdota en medio de un mercado que se vanagloriaba de ser democrático. La tecnología estaba permitiendo que las defectos de vinificación fueron cada vez más escasos, que la calidad se comenzara a generalizar. La producción en serie era lo que comenzaba a primar.

Pero si Lynch no hubiese tenido cierto gusto, cierta habilidad para encontrar lo bueno en medio de lo mediocre, su trabajo no habría valido la pena. La curatoría de Lynch resultó impecable. No sólo mostró un mundo de pequeñas productores, sino que sobre todo, nos mostró un mundo de gente que hacía vinos con personalidad, productores que no necesariamente caminaban el camino de la súper concentración o la madera; seres humanos con una visión del vino totalmente original.

En su libro -insisto, publicado en 1988- Lynch ya estaba alegando contra la tiranía de los puntos, contra la creciente idea de que el vino debía ser como una suerte de golpe al mentón, contundente y feroz. Contra los excesos de madera, contra la idea -más tarde convertida en dogma- de que un vino de gran cuerpo es necesariamente un vino superior. Aunque apenas lo recuerdo, en 1988 yo estaba, no sé, tomando sustancias de dudosa legalidad.

Curatoría. Hoy es una palabra clave, sobre todo cuando en Sudamérica existe esa efervescencia por mostrar lo nuevo, lo que se ha descubierto; la libertad con la que hoy se hace vino, dejando de lado los dogmas, las antiguas formas. Ya lo he dicho. Ser periodista de vinos hoy en este lado del mundo es, antes que nada, más entretenido que nunca. Noticias por todos lados. Sin embargo, por eso mismo estar atentos y separar lo que realmente vale la pena de lo intrascendente, cobra un especial valor. Curatoría. En el Descorchados tenemos un letrero con esa palabra en todas nuestras degustaciones. Un letrero de colores fosforescentes.

Con esta idea inauguramos el nuevo sitio de Descorchados. Sí, un sitio web. Vaya idea pasada de moda, no?

Patricio Tapia